09 noviembre 2012

El francotirador tuvo un mal día

El hijo de Brian Jones

Jesús Ferrero

Alianza Literaria, 2012

ISBN: 978-84-206-6971-7

 168 páginas

 18 € 

XIII Premio Fernando Quiñones de Novela



Daniel Ruiz García

Jesús Ferrero forma parte de la cofradía de los escritores que yo denomino “francotiradores”: una raza excelsa de creadores caracterizados por su valentía, por su predisposición al salto al vacío, a la reinvención permanente. Es lo que más valoro en Ferrero, su capacidad de sobrellevar el vértigo de una creación en constante mutación, que asume a cada paso nuevos retos haciendo borrón y cuenta nueva con respecto a todo lo anterior. 

En El hijo de Brian Jones, Ferrero vuelve a mostrar arrojo al atreverse con una historia con enormes riesgos. Hurgar en los iconos siempre es delicado, tanto más cuando se trata de iconos masivos que están en el imaginario colectivo y que operan en ese imaginario casi de forma independiente. Literaturizar el rock siempre es delicado, y en este caso Ferrero se lo ha jugado todo a una bola difícil: Brian Jones, el mártir de los Rolling Stones, encarnación de los valores de libertad, excesos y sensibilidad del 'rock and roll' británico de los 60. 

Ferrero se ha acercado al mito subiendo por la maroma que mejor controla y conoce: la de la estética. Se intuye la pretensión de construir una obra literaria con voluntad de reflexión estética, donde los personajes son encarnaciones mitológicas que le sirven para teorizar sobre cuestiones universales como el Bien, el Mal o la Belleza. En este sentido, vislumbro ecos de Dorian Gray en su forma de construir la historia. 

Como buen francotirador, Ferrero sabe que la probabilidad de errar el tiro puede ser alta cuando el objeto a derribar se halla escorado o excesivamente lejos del punto de disparo. Me temo que es lo que ha podido ocurrir en el caso de El hijo de Brian Jones.

La novela se centra en la figura del hijo ilegítimo de Brian Jones, Alexis. La reconstrucción de toda la historia del desenlace fatal de Brian Jones se mezcla con la propia historia del hijo, a través del recurso de un segundo personaje que sirve como hilo conductor. Este personaje es nada menos que el hijo de uno de los jardineros de Brian Jones que siempre estuvieron bajo sospecha en la muerte del guitarrista en la piscina de su mansión.

La trama es apetecible, pero a nuestro juicio no así su desarrollo. En primer lugar, por el tono. Los personajes tienen una forma de comunicarse entre sí que resulta, casi siempre, muy poco natural. Decíamos que Ferrero es un gran esteticista, y eso supura en sus diálogos: siempre demasiado forzados, siempre rodeados de una teatralidad excesiva, que da al conjunto la apariencia del cartón piedra. Nada más lejos de lo que podría ser esperable de un vástago de un icono del rock. 

Tampoco ayuda la forma de tratar la historia de Jones y de los Rollings. Las obviedades sobre la vida y obra de los Stones resultan demasiado recurrentes (sin ser riguroso, he contado hasta una docena de veces la expresión “swinging London”). Se echa en falta una mayor profundidad y una mayor matización en la biografía stoniana, en beneficio de una mayor ligereza en cuanto a los elementos con los que el autor pretende dotar de profundidad al relato. Las conversaciones de carácter estético o metafísico llegan a resultar aburridas, y la construcción de algunos personajes (como el de la abuela) resulta demasiado fuera de la realidad, con algunas reacciones poco creíbles. 

Esto no quita mérito a la ambición de Ferrero como narrador, y que es lo que lo ha convertido en uno de los grandes referentes de nuestra literatura. Aunque en este caso haya errado el tiro, hay que reconocerle su valentía. Es esta valentía, entre otras cosas, la que ha permitido a Ferrero escribir algunas de las mejores novelas en castellano de las últimas décadas.

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